CONVERSACIONES SEDUCTIVAS

NO GOLPEARSE LA CABEZA

Falsear sentimientos, pensamientos y acciones exige agilidad psicológica. Como los niños muy raramente están preparados para realizar este delicado acto de equilibrio, muchos tienen gran dificultad en manejar las ‘variables. Como Blair, tal vez no sepan controlar cada situación de la manera más apropiada. Si su sentido de la oportunidad. su discernimiento y su destreza les “fallan”, se encuentran en peligro de golpearse la cabeza.



Como ya lo saben todos los padres por experiencia personal, los patrones de respuesta del niño en ocasiones resultan cautivadores y en otras, exasperantes. Un niño que empieza a andar, por ejemplo, ve un juguete nuevo. Sonríe y estira la mano para alcanzarlo. Su cara refleja una alegría instantánea. La secuencia es directa y predecible. Sin embargo, si otro niño ve el juguete trata de tomarlo al mismo tiempo, el primer bebé responderá de manera muy diferente. Aun que es posible que esté dispuesto a compartir el juguete, lo más probable es que afirme sus derechos territoriales y reaccione agresivamente.

El niño que responde a los estímulos cruza un “puente” que comunica sus acciones reacciones con sus sentimientos y pensamientos subyacentes. Según las circunstancias y la historia del niño, el cruce de dicho puente será directo y libre de obstáculos, o sinuoso e impedido.

Imaginemos a un niño de cinco años al que le ofrecen un helado y sonríe agradecido y expectante de placer. En esta instancia, el niño cruza el puente en un día de sol. Si al mismo niño sus padres le piden que se comporte correctamente a la mesa y responde con un berrinche, cruza el puente en un día brumoso. Tal vez esta respuesta sea atípica y sencillamente indique que el chico tiene sueño, está irritado o cansado. Sin embargo, si ésa es la reacción normal cuando se le llama la atención, ello sugiere que aún no ha finalizado el estadio de prueba que se asocia normalmente con los niños de dos años.

La naturaleza de las reacciones del niño es la indicación principal no sólo de su desarrollo emocional sino también de su cociente de listeza. Por ejemplo, un niño que en el camino de la escuela a su casa es provocado por el pendenciero de la clase tiene varias opciones de reacción. Puede devolver el ataque, disponiéndose así a una pelea; o puede decidir alejarse y tratar de evitar el enfrentamiento.

Como a menudo actúan y reaccionan sin pensarlo y responden a los estímulos de manera refleja, los niños rara vez son conscientes de haber cruzado el “puente”. Sus reacciones espontáneas encierran el potencial para crear innumerables crisis. A este respecto, los niños no son muy diferentes de sus contrapartes adultas que se enfurecen cuando el tránsito se embotella en la carretera. Aunque la, cólera de un niño pueda ser terapéutica, también puede resultar destructiva cuando es excesiva o irracional. El niño que se enfurece cuando lo fastidian da muestras de una conducta inadaptada con implicaciones potencialmente serias. Si ésa es su reacción típica, es probable que experimente problemas sociales y vocacionales enormes a lo largo de su vida.

Desde luego, no se puede esperar que un niño responda estratégicamente en todas las circunstancias. Uno de los “derechos” de la infancia consiste en tener permiso para mostrarse espontáneo, tonto y hasta desagradable. No obstante, hay ciertas situaciones que exigen de los niños reacciones medidas. Por ejemplo, un niño listo se dará cuenta de que no puede sencillamente darse vuelta y golpear a otro chico que está molestándolo en clase. Semejante comportamiento lo llevaría a ser aún más victimado por la mala conducta del compañero.

Aunque los chicos listos no analizan conscientemente cada una de sus respuestas, reconocen cuándo se han quedado atascados y están dispuestos a trabajar para salir de esa situación. El niño pensante examina lo que le está ocurriendo, y este proceso de autoevaluación lo distingue del niño no pensante.

Un niño listo que es provocado por el pendenciero de la clase trata de deducir qué es lo que necesita hacer para resolver el problema. Tiene varias opciones:

• Puede evitar al pendenciero.
• Puede buscar la protección de un amigo fuerte o un grupo de amigos.
• Puede tratar de hacerse amigo del pendenciero.
• Puede decidir enfrentar al pendenciero.
• Puede elegir examinar sus actos para ver qué es lo que está haciendo él para que el pendenciero lo provoque.

Al reconocer que debe encontrar un medio para neutralizar a su antagonista el niño listo evalúa sus opciones y selecciona la estrategia más ventajosa. En muchas instancias. el niño con un cociente de listeza altamente desarrollado sabrá de manera intuitiva cuál es la mejor opción ‘y elegirá instantáneamente la mejor respuesta. Sin embargo, la mayoría de los niños necesita guía y práctica antes de poder desarrollar los “reflejos’ del pensamiento listo.

Obviamente, ni siquiera el niño listo responde a la perfección en todas las circunstancias. Si esta excitado, disgustado o simplemente “fuera de punto”, puede actuar de manera insensata. No obstante, la orientación normal del niño respecto de la solución de los problemas suele permitirle restablecer el delicado equilibrio entre sus emociones y sus acciones. Cuando experimenta una crisis o un lapsus mental, de todos modos puede finalmente aclarar las cosas y caer bien parado”.

Al niño no tan listo le cuesta mucho llegar al modo de coordinar sus emociones y su intelecto. Como tiende a responder no estratégicamente a los estímulos, a menudo pare ce ser víctima de las circunstancias. Este tipo de niño es, invariablemente el que el maestro pesca haciendo una travesura en la clase y el que insiste en no haber oído a la maestra cuando anunciaba el examen del viernes.

El niño incapaz de hacerse cargo de su vida puede responder resignándose a un papel de víctima. En la superficie quizá no dé la impresión de estar perturbado, pero las apariencias pueden engañar. La resignación suele producir frustración y depresión, que el niño inconscientemente reprime porque no desea enfrentarlas. Cuando le preguntan cómo le van las cosas, acaso conteste sencillamente: “bien”.

Algunos niños reaccionan a su inhabilidad para tomar el control positivo de sus vidas tomándose negligentemente agresivos. Es típico de esta conducta que precipite crisis y fracasos recurrentes que socavan la confianza del niño en sí mismo. Para desahogar su frustración, el niño iniciará peleas o incluso recurrirá a alguna conducta delictiva. El resultado de ello es una conducta cada vez más inadaptada y un trágico desperdicio de potencial humano.

Los niños no muy listos rara vez se autoevalúan. No conectan la pobreza de su discernimiento y planeamiento y la falta de conciencia con los hechos negativos de sus vidas. Para hacer esta conexión, tendrían que desarrollar una con ciencia de la causa y el efecto y deberían estar dispuestos a examinar sus acciones y reacciones. (Más adelante se presentan métodos específicos para alentar en su hijo el desarrollo de esta conciencia.)

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