Una Carta Que Recordar Parte 3

El aire es de un valor incalculable, ya que todos los seres compartimos el mismo alimento, todos: 


los árboles, los animales, los hombres. Ustedes no tienen conciencia del aire que respiran, son moribundos insensibles a lo pestilente.






Si les vendiéramos nuestras tierras deberían saber que el aire tiene un inmenso valor, deben entender que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El primer soplo de vida que recibieron nuestros abuelos vino de ese aliento.


Si les vendiéramos nuestras tierras tendrían que tratarlas como sagradas, porque hasta ustedes pueden disfrutar el viento que aroma las flores de las praderas.


Si todos los animales fueran exterminados, el hombre también perecería entre una enorme soledad espiritual.


El destino de los animales es el mismo que el de los hombres. Todo se armoniza.


Ustedes deben enseñar a sus hijos que el suelo que pisan contiene las cenizas de nuestros ancestros; que la tierra se enriquece con la vida de nuestros semejantes.


La tierra debe ser respetada. Enseñen a sus hijos lo que los nuestros ya saben: lo que la tierra padezca será padecido por sus hijos. Cuando los hombres escupen al suelo se escupen a ellos mismos.



Nosotros estamos seguros de esto: la tierra no es del hombre, sino que el hombre es de la tierra.


Nosotros lo sabemos. Todo se armoniza, como la sangre que emparienta a los hombres.


El hombre no teje el destino de la vida.




UNA CARTA PARA RECORDAR PARTE 1







No hay comentarios:

Publicar un comentario