CONVERSACIONES SEDUCTIVAS

EXAMINAR EL ABANDONO DE METAS

Diálogo Modelo N° 8

Niños entre 7 y 12 años

Padre: Me sorprendió que me dijeras que querías abandonar tus clases de karate.
Hijo: No me divierto. Odio el karate y odio al profesor.

Padre: Estás frustrado.
Hijo: Creo que sí.
Padre: A lo mejor esperabas progresar más.
Hijo: Quería ganar el cinturón que sigue, pero él no me va a dejar.
Padre: Pensé que tenías que ganar el cinturón en una lucha.
Hijo: Sí. Pero el profesor no me va a pasar al nivel siguiente para que pueda ganarlo.
Padre: Supongo que considerarás que te has esforzado mucho.
Hijo: Sí, creo que sí.
Padre: ¿Crees que el profesor considera lo contrario?
Hijo: No me importa. No me gusta el karate.
Padre: ¿Quieres que te dé permiso para dejar?
Hijo: Sí.
Padre: ¿Y qué esperarías que hiciera yo si un día me anunciaras que ya no quieres leer más? ¿Querrías que te sacara de la escuela o que le pidiera a tu maestra que no te haga leer?
Hijo: No.
Padre: ¿Te parece que, si permitiera que abandonaras todo lo que te resulta difícil, yo sería un buen padre?
Hijo: No sé.
Padre: Bueno, si yo te dejara abandonar todo lo que te cos tara, a mí me parece que sería un padre de lo peor. Te estaría diciendo que puedes dejar cualquier cosa que te resulte un desafío o cualquier cosa que no te guste. ¿No es cierto?
Hijo: Creo que sí.
Padre: Pienso que sería injusto insistir en que sigas yendo a karate si realmente no te gusta. Al mismo tiempo, pienso que sería injusto permitirte que dejes el curso ahora. Esto es lo que quiero considerar. Quiero que te esfuerces lo más posible para ganar el cinturón que sigue. Cuando lo hagas, volveremos a con versar el tema. Si aún deseas abandonar, podrás hacerlo. Si decides dejar las clases de karate, quiero que lo hagas como un ganador que ha logrado alcanzar una meta. ¿Te parece justo?
Hijo: Sí.
Padre: Bien. Espero que rindas el máximo y no te quejes. Si hay problemas entre el profesor y tú, conversa remos con él y veremos si se pueden solucionar. ¿De acuerdo?
Hijo: Sí.

Antes de discutir el tema con su hijo, el padre del diálogo precedente había formulado una estrategia. Aunque reconocía el peligro de permitir que su hijo se diera por vencido cada vez que se topara con una frustración o un obstáculo, también reconocía que no resultaría muy provechoso insistir en que el niño continuara indefinidamente con sus lecciones de karate. Estaba dispuesto a permitirle al chico que abandonara las clases sólo después de que terminara con éxito el tramo siguiente de su instrucción. Al estructurar el “acuerdo” de esta forma, el padre estableció un rendimiento mínimo y ayudó al hijo a apreciar el valor de la perseverancia.

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