EVITAR LAS ARENAS MOVEDIZAS

Los padres que creen que pueden cambiar la conducta y las actitudes de su hijo con sermones y discursos se desilusionan muy pronto. Es muy raro que este tipo de reprensiones motive a un niño a desarrollar la autodisciplina, el esfuerzo y la diligencia. El padre o la madre que sermonea se enmarañan en una lucha de poder. Emergen entonces dos predecibles y típicos patrones de respuestas:


Hay ciertas frases que son como banderas rojas que anuncian al niño que se aproxima un discurso o un sermón. Entre ellas:

• “Deberías ser más responsable.”
• “Necesitas una mayor autodisciplina.”
• “Deberías ser más organizado.”
• “Necesitas prestar más atención a los detalles.”
• “Necesitas ser más consecuente con lo que emprendes.”
• “Debes acabar con la costumbre de dejar todo para el último momento.”
• “Necesitas establecer prioridades.”
• “Deberías fijarte metas específicas.”

Es típico que, en cuanto oye ese tipo de amonestación, el niño erija un muro defensivo. Para que las recomendaciones del tipo “ser más organizado” o “establecer prioridades” puedan surtir efecto, hay que hacer que esos conceptos sean pertinentes, concretos y significativos para el niño. Es to implica utilizar ejemplos para ilustrar lo que el concepto significa y mostrarle al niño cómo volverse organizado y cómo establecer prioridades.

Al crear oportunidades para que su hijo experimente y comprenda los beneficios de establecer metas y prioridades usted puede reducir significativamente la tendencia natural del niño a resistirse a cualquier propuesta que implique cambio. Tres pasos prácticos le faci1itarán este proceso:

1. Demostrar cómo las metas y prioridades verdaderamente pueden tornar más fácil la vida de su hijo. Utilice ejemplos concretos, pero no dé discursos ni sermones. Comparta las experiencias de su propia vida en que las metas le han ayudado a obtener lo que deseaba (p. ej., “¿Te acuerdas el otoño pasado, cuando hicimos una excursión de esquí y tuvimos que decidir qué cosas llevar? Éramos cinco y el auto tenía capacidad para una cantidad limitada de peso. Mamá, ustedes y yo tuvimos que hacer una lista).

2. Demostrar cómo su hijo puede establecer metas y prioridades en su propia vidaNuevamente, emplee ejemplos concretos (p. ej., “Me gustaría hacer un experimento. Dime qué nota quisieras obtener en cada materia en tu próximo boletín. Las anotaremos. Esas notas serán tus metas, y cuando te entreguen el boletín veremos si alcanzaste esas metas o no”).

3. Estructurar amplias oportunidades para practicar y examinar la conducta orientada hacia el logro de metas (p. ej., “Ideemos un sistema con el cual puedas registrar tus notas en los exámenes, pruebas e informes. De este modo, puedes controlar tu desempeño y ver si progresas hacia las calificaciones que te has propuesto cor meta este año”). El espíritu de estas sesiones debe ser de cooperación, apoyo, sin amenazas ni críticas. (¡Sí, no mostrarse crítico cuando se sienta contrariado é un desafío!) A veces, por supuesto, mostrarse riguroso y enojarse sí es lo apropiado. Usted debe confiar en su juicio y su in tuición.

Los padres que no desarrollen una estrategia cuidadosamente pensada con anticipación no deben sorprenderse si su hijo se resiste a renunciar a su conducta no orientada hacia el logro de metas. Los métodos para aplicar y practicar estos pasos se presentan más adelante.

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