ASUMIR EL RIESGO DEL CAMBIO: VIVIR EL "IMPASSE" PARTE 5

La travesía incluye tres etapas: la preparación, el periplo y el regreso.

"Durante la... preparación, enfrentamos el desafío de probar que somos competentes, valientes, y poseemos humanidad y fidelidad... Durante la travesía, abandonamos la seguridad de la familia, o la tribu y nos embarcamos en una misión en la que hallaremos muerte, sufrimiento y amor. Pero... nuestro Self... se transforma. (y) cuando se produce nuestro retorno...nos convertimos en Gobernantes de nuestros reinos" ( Ibid., pág. 23)




Despertar al héroe interior que hay en cada uno de nosotros, nos habilita para hacer la travesía. Tener la fortaleza para pasar la puerta de "lo familiar-seguro" para ingresar en el mundo de "lo no familiar-incierto-inseguro" es, a mi juicio, llegar al impasse y trascenderlo; es despertar el héroe interior. "El modo de librarnos de la posesión de la Sombra es poner en marcha nuestro potencial heroico... El héroe está... dormido. Nuestra tarea es despertarlo". (pág. 35)



El camino hacia el reencuentro personal a través del impasse

El camino hacia mí mismo empieza, creo, en el momento en que me puedo aceptar como este ser confuso, diverso, cambiante todo el tiempo, habitado por esa multitud de "personajes" cada uno con necesidades propias, muchas veces contradictorias, que ven e interpretan el mundo a su manera. Esto ocurrirá una vez que acepte que todos los "personajes", por absurdos y caprichosos que parezcan, merecen ser escuchados sin prejuicios, una vez que me dé cuenta de que mi trabajo es hacer lo mejor posible para armonizar esos impulsos caóticos.



Llegar al impasse es vivir el momento afortunado de soltarse, de sentir la fortaleza para lanzarse al aire, para abandonarse al "misterio" que supone la fe en sí mismo y en esas fuerzas bienhechoras incomprensibles, pero presentes.



Ciertamente llegar al impasse no es una cuestión de "voluntad"; de ser así sería muy sencillo. Es algo mucho más difícil que requiere un cierto nivel de integración de las energías internas que permitan a la persona vivir el "terror" del vacío", del "morir para renacer". Por eso siento –lo digo de nuevo- que emprender el camino hacia el impasse es un trabajo muy difícil y heroico.



¿Quién sufre, quién registra la experiencia?



Pero ¿qué parte de mí tiene a su cargo el trabajo de "dejarse morir" de "dejarse caer al vacío"?; ¿quién sufre, quién siente el dolor, quién es el que le tiene miedo a la muerte, quién crea y resiente la fantasía catastrófica? No son mis "personajes", no son mis "selfs", no es mi "sombra". Es éste, "el de la voz", "el que habla", este "yo-consciente". Desde esta consciencia registro toda la experiencia de mi persona.


Freud dice algo que me aclara:


El yo tiende al placer y quiere eludir el displacer. Responde con la 'señal de angustia' a un aumento esperado y previsto de displacer, calificándose de 'peligro' el motivo de ese aumento, ya amenace desde fuera o desde dentro.


Y agrega en otra parte:


El yo gobierna los movimientos voluntarios. Su área es la autoafirmación y la realiza... frente al mundo exterior; aprende a conocer los estímulos, acumula (en la memoria) experiencias sobre los mismos, evita... los que son demasiado intensos, enfrenta... los moderados, y.. aprende a modificar el mundo exterior adecuándolo a su propia conveniencia" (Freud, 1992, pág. 13)


Yo creo que ninguna parte de la persona registra el placer-displacer, más que la que está consciente de sí misma y que se puede percibir. Este "yo-consciente" capta, sufre, goza, llora, se alegra, se angustia. Es esta parte la que sabe de la muerte y le teme; la que siente el miedo; la que percibe la seguridad y la fuerza; la que capta al espíritu o se siente desolada porque no lo encuentra. El "yo-consciente" es el centro en el que converge toda la experiencia, de donde venga: del mundo exterior o de dentro de la persona.


Otra descripción posible de esa entidad que "registra la experiencia", es el concepto de la "frontera de contacto". Perls dice que:


El estudio de la manera en la cual una persona funciona en su medio es el estudio de lo que pasa en la frontera-contacto entre el individuo y su medio. Es en esta frontera-contacto, donde se producen los eventos psicológicos, nuestros pensamientos, nuestras acciones, nuestro comportamiento, nuestras emociones, son nuestro modo de experiencia y de encuentro de estos acontecimientos fronterizos" (Ginger, 1993,
pág. 147)

Yo comprendo que a través de mi frontera de contacto registro mis experiencias, y percibo mis sensaciones, sentimientos y necesidades.
Aquello -llámese como se llame- que está o que opera "dentro" de esas fronteras, es mi "yo-consciente"; en la medida que me aventuro cerca de mi frontera, en el borde mismo, o más allá de ella, más cerca estoy de ese mundo extraño donde habitan mis "personajes".


La percepción de mi "yo-consciente-libre"


Hoy por hoy me cuesta mucho trabajo llegar, pero sobre todo mantenerme en el impasse; cuando puedo hacerlo, experimento mucha angustia y me regreso a la orilla de donde partí. Mi "cuartel general" sigue estando "de este lado". Sin embargo sigo tratando.

Hace unos días tuve una vivencia extraordinaria. Podía dejarme sentir cualquier cosa que llegara a mi consciencia y observarla con serenidad, sin oponerme a ella y sin hacer juicios de ningún tipo. Durante ese tiempo me dejé vivir mis odios, mis resentimientos, las actitudes que detesto de mí; y también las alegrías intensas, las actitudes personales que me gustan, los momentos de tranquilidad, y los de poca o nula sensibilidad.


Todo -lo bueno, lo malo, lo detestable y lo que me enorgullece- era mío, y por ese simple hecho, se convertía en respetable. Podía observar "aquello" y decir, por ejemplo, "esto no me agrada de mí pero es mío; lo respeto y me queda claro que yo -Alejandro- no quiero ser así y estoy por encima de eso". Podía así reconocerme mucho mejor, hacerme cargo de todo lo mío y asumir mejor los riesgos que suponía un cambio de actitud.



Había una sensación de libertad para la aceptación y para el cambio, y al mismo tiempo, una claridad sobre mis limitaciones como ser humano; la seguridad de mi muerte, por ejemplo, no era obstáculo para vivir, antes lo contrario. Había sensación de fuerza y plenitud que se daba por igual en los momentos de placer como en los de sufrimiento; nada quedaba afuera. De esta manera, durante varios días estuve mucho más en contacto con las expresiones de varios de mis "personajes". Ellos y mi "yo-consciente" se sintieron mucho más cómodos (y Yo también, sea lo que sea éste llamado Yo).


Sé que no estoy diciendo nada nuevo; que en los libros esto se dice mucho. Fue precisamente como vivir una parte esencial de la teoría que habla de la transformación y del renacimiento. Nunca me sentí mas convencido del camino que he tomado para crecer.


Quiero renacer, pero en un ser diferente a lo que soy ahora; quiero cambiar muchos aspectos de mí mismo y, aunque sé que es muy difícil lograrlo, sí he podido encontrar una imagen "ideal" de ese tipo de persona. La leí en el libro "El Eclipse de la Muerte" de Becker, cuando hace referencia a lo que para Kierkegaard significaba ser hombre, plasmada en su libro "Temor y Temblor", donde describe al que llama el "caballero de la fe". Se la ofrezco como reflexión final:


Esta figura es el hombre que tiene fe... y que vive concentrado en las energías de su Creador. Acepta sin quejarse cualquier cosa que sucede en la dimensión visible, vive su vida como un deber, se enfrenta sin remordimientos a la muerte. No hay mezquindad tan mezquina que pueda poner en peligro sus designios; ninguna tarea es tan terrible que esté más allá de su valor. Acepta el mundo en sus términos y está totalmente más allá del mundo por su confianza en la dimensión invisible. ... Este ideal (le) permite ser abierto, generoso, valiente, influir en las vidas de los demás, enriquecerlas y estar abierto a ellas.... como no siente temor a la vida ni a la muerte, no se aferra a sus semejantes, ni los rebaja, ni los coacciona ni los manipula. (el caballero de la fe es) la continua apertura a la vida sin la angustia de la muerte (y por ello constituye ) seguramente el más bello y desafiante (ideal) que ha tenido el hombre" (Kierkegaard, citado por Becker, 1979, pag 380)

Bibliografía

BECKER, Ernest. (1979). EL ECLIPSE DE LA MUERTE. Editorial Fondo de Cultura Económica, Colección Popular. México.

BRANDEN, Nathaniel. (1991). CÓMO MEJORAR SU AUTOESTIMA. Editorial Paidós. México.

FRANKL, Víctor E. (1987). PSICOANÁLISIS Y EXISTENCIALISMO. Editorial Fondo de Cultura Económica. México.

FREUD, Sigmund. (1992) ESQUEMA DEL PSICOANÁLISIS. Editorial Paidós. México.

GINGER, Serge y GINGER, Anne. (1993) LA GESTALT, UNA TERAPIA DE CONTACTO. Editorial Manual Moderno. México.

HORNEY, Karen. (1993). LA PERSONALIDAD NEURÓTICA DE NUESTRO TIEMPO. Editorial Paidós. México.

MAY, Rollo. (1990). EL DILEMA DEL HOMBRE. Editorial Gedisa. México.

PERLS, Fritz. (1990). SUEÑOS Y EXISTENCIA. Editorial Cuatro Vientos. Santiago de Chile.

POLSTER, Erving y POLSTER, Miriam. (1991). TERAPIA GESTÁLTICA. Editorial Amorrortu. Buenos Aires.

SHARP, Daryl. (1992). QUERIDA GLADYS. Análisis junguiano de una crisis de la edad mediana. Editorial Cuatro Vientos. Santiago de Chile.

SHARP, Daryl. (1994). LEXICÓN JUNGUIANO. Editorial Cuatro Vientos. Santiago de Chile.

ZWEIG, C. y ABRAMS, J. (recopiladores) (1993) ENCUENTRO CON LA SOMBRA. Editorial Kairós. Barcelona.

Notas

1 A lo largo de este texto, en vez de utilizar el término "neurosis" emplearemos el de la "disfuncionalidad", acorde con el concepto de Maslow de que la neurosis, más que una enfermedad, es una "disminución" de los recursos de la persona. Sin embargo, en algunas partes del texto, cuando es necesario o inevitable, se emplean equivalentemente.


Alejandro Unikel Spector es terapeuta del Instituto Humanista de Psicoterapia Gestalt, donde cursó también la especialización en sueños. Es

logoterapeuta de la Sociedad Mexicana de Análisis Existencial y Logoterapia; y tiene una especialización en Programación Neurolinguística. 

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