ESTABLECER METAS A LARGO PLAZO

No es necesario que un chico sepa a los ocho años —ni siquiera a los dieciocho qué es lo que quiere hacer del resto de su vida. Muchas decisiones de carrera que se toman en la primera infancia suelen ser influidas por fantasías que pronto caen en el olvido. El niño de diez años que anuncia que desea ser “doble” cinematográfico profesional acaso lo diga porque acaba de ver un programa alusivo en la televisión. Aunque probablemente su meta sea temporaria, sin embargo cumple una función importante. El niño está empezando a apreciar el valor de enfocar sus energías en un objetivo.

ESTABLECER METAS A CORTO PLAZO

Hay niños que deducen intuitivamente la manera de establecer metas a corto plazo. Otros requieren que se los guíe. Un niño que confiesa el deseo de llegar a ser veterinario tal vez no se dé cuenta de que, para que lo admitan en la facultad de Veterinaria, debe obtener buenas calificaciones en la escuela secundaria. Acaso no tenga idea de lo competitivo que es el proceso de selección o cuánto desafiarán su mente las exigencias académicas de la facultad.

ENGANCHAR LOS CABALLOS

La inteligencia, la aptitud y la astucia son las fuentes primordiales de la capacidad de un niño para resolver los problemas de la vida. Cuando se los engancha y enjaeza de la manera apropiada, este equipo de “caballos” intelectuales tiene la capacidad de generar una energía enorme.

ELEGIR EL CAMINO ADECUADO

Los niños se enfrentan a muchas encrucijadas en su vida. Hay caminos que señalan hacia la realización y el logro de las propias ambiciones. Otros llevan a penosos choques contra la realidad. Como los padres también se enfrentan a encrucijadas similares en su vida, la mayoría reconoce la importancia crítica de las elecciones de sus hijos ante estas coyunturas. De ellas puede depender el curso futuro de la vida del niño.

EL USO INEFICIENTE DEL TIEMPO

Los efectos de la desorganización y el mal manejo del tiempo pueden extenderse como las ondas en un lago. Si la piedra arrojada a las aguas es lo bastante grande, toda la superficie será perturbada.

El bajo rendimiento es uno de los motivos más frecuentes de choques entre padres e hijos. Estos choques suelen ser predecibles en la mayoría de los casos. El niño funciona de manera contraproducente y sus padres responden con reacciones típicas que comprenden ira, recriminaciones y castigos. Por desgracia, este melodrama rara vez resuelve el problema subyacente. El resultado neto suele ser el distancia- miento, las ofensas, el resentimiento.