LA LLAVE

XXII

Que admirable es la llave de oro que cierra cuidadosamente la puerta del castillo donde viven los fantasmas! ...

Si sabes usarla, si tienes cuidado de que esta puerta, en determinados momentos no se abra, por más que desde adentro el tumulto de las tristezas, de los temores, de las preocupaciones, de la pasión de ánimo, quiera forzarla, ¡cuánta será tu paz y cuan permanente tu alegría!


Al principio es muy difícil cerrar esta puerta: los fantasmas negros tiran de las hojas con toda su fuerza; logran mantenerlas entreabiertas, y se van colando por allí e invaden el campo de tu alma, y arrancan de él las santas flores de la alegría.

Pero la gimnasia vase haciendo cada vez más fácil y segura. Adquiérese una gran agilidad; sorprendes en seguida los movimientos astutos de la turba negra, y acabas por confinarla definitivamente en el castillo de la Pena, de las Imaginaciones dolorosas, de los Miedos sin razón, de las Angustias sin objeto...

Lo esencial es ser rápido en los movimientos. En cuanto notes que se quiere colar algún fantasma, examina la cerradura, da dos vueltas a la llave y vuelve la espalda.

El fantasma será insinuante, expresivo.

Pretenderá decirte muchas cosas. No hagas caso de sus invitaciones, de sus solicitudes, de sus argucias, de su llanto: lo que él quiere es envenenarte el día.

Dirás acaso que con tener condenada la puerta del castillo escaparías para siempre... Mas debo advertirte que en ese castillo moran también las imaginaciones alegres, los pensamientos joviales que nos hacen llevadero el camino, y la ciencia está en dejar a éstos libre la puerta y en impedir a los otros la salida…

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