TECNICAS PARA SOLUCIONAR PROBLEMAS


Diálogo Modelo N° 3

Niños entre 7 y 12 años

Padre: Me dijiste que estás disgustado porque tu entrenador de fútbol no te deja jugar todo lo que tú querrías. ¿Es cierto?


Hijo: Sí.

Padre: Has visto a varias personas en sillas de ruedas, ¿no?

Hijo: Sí.

Padre: ¿Te parece que a una persona en una silla de ruedas le costaría sacar algo de un estante de la cocina si no pudiera levantarse de esa silla?

Hijo: Sí.

Padre: ¿Y qué podría hacer para solucionar el problema?
Hijo: Podría pedirle a otro que lo hiciera por ella.
Padre: ¿Pero qué ocurriría si en la casa no hubiera nadie más y esta mujer necesitara un vaso de agua?
Hijo: No sé.
Padre: ¿Podrías pensar un modo de solucionar el problema?
Hijo: La mujer podría llamar a un carpintero para que le hiciera estantes más bajos.
Padre: ¡Esa es una idea sensacional! ¿Pero qué pasa si no tiene suficiente dinero para pagarle a un carpintero o comprar la madera? ¿Hay otras soluciones posibles?
Hijo: Podría inventar algo para ayudarse a bajar las cosas de los estantes.
Padre: ¡Otra idea fantástica! A ver si podemos imaginar las cosas que la mujer podría hacer. ¿Se te ocurre algo?
Hijo: Un palo con un gancho en un extremo. Padre: ¡Sí! ¿Pero qué ocurriría si la mujer no pudiera in ventar nada para sacar las cosas de sus estantes de la cocina?
Hijo: Se pondría triste.
Padre: Y se sentiría frustrada.
Hijo: Sí. Cuando necesitara una taza o algo, no podría tomarlo.
Padre: Cierto. ¿Y qué piensas tú de la gente que se da por vencida cuando se halla ante un problema difícil?
Hijo: No tendrían que darse por vencidos.
Padre: Digamos que te chocas con un problema que parecería enorme. ¿Te darías por vencido?
Hijo: No.
Padre:  Digamos que golpeas demasiado fuerte la pelota cuando juegas. ¿Qué podrías hacer?
Hijo: Podría hablar con el entrenador.
Padre: Sí.
Hijo: El me diría que lo estoy haciendo mal.
Padre:  ¿Podrías hacer alguna otra cosa?
Hijo: Podría practicar más.
Padre: Muy bien. Así que ya ves: el primer paso consiste en admitir que tienes un problema. El paso siguiente es pensar qué necesitas hacer para solucionar el problema. Si la mujer de la silla de ruedas no lograba solucionar su problema, podría haberte pedido ayuda a ti. ¡Tú la habrías ayudado a encontrar una solución! Tal vez algún día tú también tengas que pedir ayuda a otro, sobre todo si no logras solucionar un problema por ti mismo. Conversar un problema con otra persona puede ayudarte a encontrar una solución. Dos personas ponen a funcionar juntas sus cabezas y llegan a una solución. Esta técnica no sólo puede ser útil sino también muy divertida. Veamos si podemos utilizarla para solucionar tu problema con el entrenador de fútbol. En primer lugar, ¿cuál es el problema?
Hijo: El entrenador no me deja jugar todo lo que yo quiero.
Padre: ¿Sientes que el entrenador considera que eres un buen jugador?
Hijo:    Creo que sí. Este año ya hice dos goles.
Padre:  ¿Y qué ocurre con la práctica? ¿Llegas a horario y trabajas con empeño?
Hijo: Bueno, la verdad es que no.
Padre: Dime qué es lo que ocurre.
Hijo: El entrenador se enoja porque hago tonterías. Dice que no presto atención a lo que hago. Yo me aburro si la pelota está en el otro lado de la cancha.
Padre:  Supongo que eso disgustará al entrenador.
Hijo: Sí.
Padre: Tú eres un buen jugador de fútbol, y lo has demostrado haciendo dos goles. Si quieres jugar más, ¿qué crees que tienes que hacer?
Hijo: Jugar mejor.
Padre: Sí. ¿Y en las prácticas?
Hijo: Concentrarme en lo que pasa en la cancha.
Padre:  ¿Cómo podrías impresionar al entrenador con los cambios que vas a hacer?
Hijo: Podría decirle lo que me propongo.
Padre: Tal vez funcionaría. ¿Y qué otra cosa podrías hacer?
Hijo: Demostrarle lo que me propongo.
Padre: Estoy de acuerdo. ¿Sabes una cosa? ¡Acabamos de encontrar juntos una solución a tu problema!

El primer paso para demostrar cómo solucionar un problema consiste en establecer un contexto que aliente la actitud “solucionadora” El padre del diálogo precedente crea intencionalmente dicho contexto. Pueden identificarse varios elementos claves:
1. El padre elige una analogía que no resulta amenazadora y con la cual el niño puede relacionarse
2. El padre establece un paralelo que estimula al niño a pensar analíticamente.
3. El padre plantea al hijo un proceso creativo para la so lución de un problema.
4. El padre insta al hijo a proponer sugerencias.
5. El padre se preocupa por reconocer las sugerencias del hijo.
6. El padre establece la confianza.
7. El padre presenta un sistema practicable.
8. El padre alienta una actitud de trabajo en conjunto.
9. El padre ayuda al hijo a darse cuenta de que un problema que podría parecer insoluble es, en realidad, solucionable.

Se advertirá que el padre resiste a la tentativa de apropiarse del problema del hijo. No dice: “La actitud del entrenador parece injusta, sobre todo si eres un buen jugador. ¡Voy a ir a hablar con él acerca de esto!” De haberlo hecho así, habría negado a su hijo la oportunidad de resolver su problema.
El padre también resiste a la tentación de sermonear, o excusar al entrenador. No dice: “Bueno, hijo, el entrenador tiene que darles la posibilidad de jugar a todos los chicos”. (El niño habría clasificado de inmediato a esta respuesta como “palabrería de padre”.) Ni dice tampoco: “Si dejaras de bobear en las prácticas, tal vez te permitirían jugar más tiempo”.
Usted puede desempeñar un papel vital ayudando a su hijo a examinar los sucesos claves de su vida. Este proceso de alentar a su hijo a “digerir” las lecciones de la vida es central en el desarrollo de las habilidades para pensar con astucia. Al instar a su hijo a reflexionar sobre lo que sucede, usted le hace posible despojarse de las conductas contraproducentes y los pensamientos negativos que socavan el éxito y la realización.

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