ESTE PENSAMIENTO TE CONSOLARÁ

XXXIV


En los momentos de mayor desamparo, de mayor abandono APARENTE de lo invisible; en esos momentos que hicieron gritar al propio Cristo, sí, gritar de dolor, diciendo:



Deus meus, Deus meus, ut quid dereliquisti me? -Cuando te parezca que estás solo en un infinito hostil y no tienes ni asidero ni refugio, piensa este pensamiento capital:

«Por mucho que yo me ame a mí mismo, Dios me ama infinitamente más».

«Yo no me amo a mí mismo sino desde la edad de la razón: Dios, en cambio, ya me amaba antes de nacer. ¡Qué digo!, en Sí mismo me amaba ya desde toda la eternidad, desde todas las eternidades.

»Yo he estado siempre en Él (sea Él lo que fuere, personal o impersonal, esencia, substancia, o ley), y Él, al amarse con un amor infinito, con el propio amor me amaba a mí, pues no podía amarse totalmente sin amarme.

»¿Por qué, pues, imaginar ni un solo momento que estoy desamparado, que nadie me quiere, que algo malo ha de acontecerme? ¿Puede, por ventura, acontecerle algo malo a Dios, en quien VIVIMOS, NOS MOVEMOS Y SOMOS?

»Él me ama infinitamente: lo que me acontezca, pues, por áspero e inexplicable que sea en apariencia, tiene por fuerza que acontecerme para mi bien...»

Este pensamiento te consolará.

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