Morir

No es cerrar los ojos
porque llegó la noche final,
sino bajar los párpados
para no ser encandilado,
por la luz de un amanecer;




no es cruzar las manos
porque llegó el final de la tarea,
sino descansarlas un poco,
porque pronto comienza la
tarea definitiva

no es detener los pies porque
se acabó el camino;

sino darles un descanso
porque mañana habrá que amanecer cantando;

no es finalizar la marcha en la oscuridad total
sino cruzar un túnel hacia la luz total;

no es sufrir la última desilusión porque todo acaba,
sino vivir la última esperanza porque todo empieza;

no es morirse para siempre sino comenzar a vivir,
de otro modo y para siempre.



René Juan Trossero

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