Soledades Compartidas | Capitulo 6

A mi lado la Muerte, continuaba su andar de 

forma pausada, aunque un tanto

distante.




Al paso de la luz de las farolas comencé a 

reparar tímidamente en el rostro


de mi compañera, mi temor, basado en mi 

pasado me impedía por momentos

levantar mis ojos para contemplar 

abiertamente aquel rostro prohibido y

temido.



Poco a poco comencé a percibir en aquella 

etérea presencia una extraña

belleza que nunca antes había vislumbrado. 

¡No! No era tan horrenda, ni tan

cruel como me la habían descrito.





En ese preciso instante, un fugaz rayo de 

luna se precipitó sobre nosotros

iluminando su secreto rostro. Nuestras 

miradas, impulsadas por una

misteriosa fuerza tropezaron kármicamente... 

nuestros pasos entonces,

comenzaron acallar obedientemente sus 

absurdas prisas...





Entonces su voz, de forma pausada y 

telepática invadió súbitamente mi mente:




Juan, dime: ¿Qué es lo que buscas en mí?

Un amoroso y oportuno silencio selló mis 

labios, resguardándome de que

inadecuadas e impulsivas palabras pudiesen 

romper el encanto de aquella

amorosa pregunta abarrotada de sentimientos.






Al cabo de unos instantes y luego de un 

forzado y meditado esfuerzo musité:





Muerte, No busco nada en ti, no busco 

absolutamente nada en ti...






Entonces ¿Porqué te acercas a mí cuando todo 

el mundo intenta ignorarme?




Mis ojos, chivatos estos de mis sentimientos 

empañaron sus miradas ante el

asomo de las generosas lagrimas que 

precipitadamente brotaron desde lo más

hondo de mi Ser.





Muerte, ¡Tú eres la que me da la Vida!.......

¿Acaso no lo comprendes?

¡Cómo voy a despreciarte!...Sin ti... nada 

sería.





Su rostro se volvió tenso como intentando 

detener un rebelde sentimiento

femenino que luchaba por expresarse. 






Sonrojada alzó lentamente sus ojos y

luego de una breve e incierta pausa murmuró:




No deberías estar aquí Juan. ¿Lo sabes?




No, no lo sé, respondí en voz 

baja, pero..... 



¿porqué me dices esto Muerte?




Su semblante cambió de aspecto 

repentinamente 

en el mismo instante en que

una azulada y brumosa niebla comenzó a 

cubrir 

sus cabellos. Su imagen por

momentos comenzó a desdibujarse en el 

espacio, su voz, un tanto impersonal

volvió a resonar nuevamente en los 

laberintos 

de mi mente:







Mira Juan: Yo no puedo ser tu amiga.



Tú en estos momentos habitas en el mundo de 

las formas y como tal, este 

tiene sus limitaciones y tú debes asumirlas.
...

Continuará...

No hay comentarios:

Publicar un comentario