TODO NOS HACE MAL

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Todo nos hace mal, dices desconsolado. El calor nos tuesta, el frío nos hiela, el viento y el polvo nos importunan.

Si buscamos la sombra hospitalaria de los árboles, los insectos se encarnizan en nosotros. Si recorremos los sitios agrestes en demanda de salud y de paz, las malezas nos estorban el paso, las espinas nos pinchan.


La mayor parte de los hombres está aún en los limbos de la animalidad y es cruel con nosotros.

La descortesía de los grandes nos azota el espíritu.

La necedad de los pequeños nos produce náuseas.

La incomprensión de los que amamos nos entristece...

Muy bien, no prosigas y escúchame:

Todo en el mundo te hace mal; pero tú, en cambio, a todo y a todos haces bien. Al levantarte llevas ya en tu voluntad afectuosa el santo designio escondido: «Haré a todos bien. Por lo menos procuraré serles grato...»

«Y ante aquellas cosas, aquellos seres y aquellos fenómenos con los cuales no quepa el beneficio, seré paciente. Seré paciente si el frío me hiela y el calor me tuesta; si el polvo me importuna, y si los insectos se encarnizan en mi piel y los espinos me pinchan».

En un mundo que parece conjurarse contra mí, yo seré una sonrisa, una dádiva, una bondad siempre dispuesta, una acción siempre afectuosa.

Si todo es negro, yo seré blanco.

¡Qué merced mayor puede hacerme el destino!

Y hasta sería posible que Aquel que, a pesar de todos los pesimismos que no saben verle, es el Padre, me escogiese por instrumento de su amor, y el bien que yo represento no fuese más que el bien que Él derrama por mis manos, como lo derrama y seguirá derramándolo siempre.

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