NO DISMINUYAS LA LIBERTAD DE OTROS

XXIX

Dichoso aquel que puede decir al fin de su existencia lo que el español Séneca dijo en sus altas máximas morales: "Saldré de la vida protestando que amé la buena conciencia y las buenas ocupaciones, y que NO DISMINUÍ LA LIBERTAD DE NADIE, y ninguno disminuyó la mía".



Siendo tan relativa como lo es, tan condicionada por los hombres y los sucesos, la libertad constituye, sin embargo, el sumo bien de la Tierra.

 Schopenhauer afirmó que la Salud, la Juventud y la Libertad eran los tres bienes humanos por excelencia.

Pero la Salud muchos no la tienen; pasa la Juventud como la verdura del verano, y si la Libertad no nos resta cual postrera novia, nuestra indigencia moral es infinita.

Hay amigos de un egoísmo feroz: los llamados amigos íntimos, los que se dicen "afectuosos".

 "-¡Se está tan bien con usted!-" exclaman, y os abruman con sus visitas.

Jamás en su conciencia menguada se preguntaron si tú estás bien con ellos, y te esclavizan con las propias cadenas de tu cortesía, tu generosidad y tu paciencia.

Piensa, en cambio, tú, cuan preciosa es la libertad de los otros. Deja más bien a todos con deseos de verte de nuevo. Sean tus visitas parvas y tu cordialidad espaciosa. Ve donde te necesiten. No busques mucho las compañías que te diviertan, pensando que tú no las diviertes a ellas, y ten un sagrado respeto por el pobre y mermado bien que, al quitarnos la salud y la mocedad, nos dejan, compasivos, los dioses.

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