LOS ENIGMAS

XIV



¿Por qué te inquietas y preocupas de los enigmas del Universo, si pronto vas a morir y te dará la muerte contestación a todos ellos?


 ¿Cuántos años te separan aún del fin?


 ¿Diez, veinte, medio siglo? Qué corto es, de todas suertes, el plazo.


 Día a día marchas hacia el inmenso misterio, que, como gran estatua negra, te aguarda inmóvil al final del camino, con los brazos cruzados y los grandes ojos llameantes de respuestas.


 ¿Por qué, pues, tanta impaciencia?


Deja tus dilemas dormir, con sus aceradas trenzas, que rematan en puntas crueles.

 Te dices: "Tiene que ser esto, o tiene que ser aquello; pero esto es absurdo, y aquello... también".


Deja tus dilemas dormir, como tenazas de alacranes ponzoñosos.


El, que todo lo sabe, está, con los enormes brazos cruzados, en medio de cada dilema.


 Entre el Sí y el No, están sus inmensas pupilas radiantes.

Se alza como un coloso antiguo en los límites de la Noche y el Día.

Cada hora volandera, en sus brazos impalpables, te lleva hacia Él.


Y cuando llegues a lo que aquellos que te sobrevivan llamarán el Silencio absoluto, su gran boca se abrirá para decir las cosas definitivas.

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