EL ORGULLO DE LA IMPOTENCIA

XVII




Tu cerebro canaliza, configura, por decirlo así, condiciona, una energía consciente de la cual apenas puede presentir la magnificencia.

Cuanto más inteligente eres, más encauzas, y, por lo tanto, limitas más ese espíritu, esa conciencia desmesurada que es la totalidad de tu yo.

¿Por qué enorgullecerte, pues, de tu inteligencia? ¿Te imaginas un estanque, una alberca, que, recibiendo un poco de agua del océano, dijese:

"Yo vuelvo al mar ovalado; yo le doy una profundidad de diez metros; yo le quito su flujo y reflujo, Gracias a mí, sus aguas reflejan los árboles del paseo cercano ... "?

Pues análogamente pensaría un cerebro orgulloso, y su vanidad sería tan absurda como la de la alberca.

"La inteligencia, dice un sabio, no aparece sino como un PEOR ES NADA, como un instrumento que traiciona la inadaptación del organismo al medio que lo rodea, como una técnica que revela un estado de impotencia".

Enorgullecemos de nuestro talento es, pues, en suma, enorgullecemos de una impotencia, de una limitación.

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