EL SIGNO



V

No hables a todos de las cosas bellas y esenciales.

No arrojes margaritas a los cerdos;

Desciende al nivel de tu interlocutor

Para no humillarle o desorientarle,

Sé frívolo con los frívolos...

Pero de vez en cuando, como sin querer,

Como sin pensarlo, deja caer en su copa,

Sobre la espuma de su frivolidad,

El pétalo de rosa del ensueño;
Si no reparan en él,

Recógelo y vete de su lado sonriente siempre,

Es que para ellos no llegó aún la hora,

Más si alguien coge el pétalo,

Como a hurtadillas

Y lo acaricia y aspira su blando aroma,

Hazle enseguida un discreto signo de inteligencia...

Llévale después aparte;

Muéstrale alguna o algunas de las flores de tu jardín,

Háblale de la divinidad invisible que nos rodea...

Y dale la palabra del conjuro del

Sésamo Ábrete de la verdadera libertad. 

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